4 Febrero 2008

Estimado Alberto.
Ya desde que nos conocimos (si es que conocemos a alguien, que a veces ni yo sé quién soy) aquella noche en la Gata Flora donde tu servías espaguetis y yo cenaba con mis padres supe que lo tuyo era algo más que arte. Pero coincidimos en un momento de la vida en el que, afortunadamente, yo aún creía que el mundo giraba a mi alrededor, y que eso nunca cambiaría.
Por eso cuando tú me contaste que tenías una compañía alternativa de teatro yo me comporté como una gilipollas y pensé que no era más que un truco para intentar llevarme al huerto. Bendita soberbia de juventud. Recuerdo (aunque suene cursi) cómo brillaban tus ojos en aquella noche, en la que intentabas contarme que, a pesar de que ser camarero te daba de comer, tú eras actor. Comprometido y solidario. Bohemio y sin un duro. Pero actor.
Yo prometí ir a verte y me escabullí a casa pensando que la vida me ofrecería gente mucho más interesante en su devenir.
Volvimos a vernos en las Fiestas de San Antonio, en la calle del Pez, con una sangría y una cerveza en la mano. Me abrazaste con una sonrisa que no te cabía en la cara, y me preguntaste por qué no te había llamado. En ese momento descubriste a Vicente a mi vera, y su cara de pocos amigos, y te apartaste algo de mi. Mientras me preguntabas con la mirada yo te contestaba que, afortunadamente, creía en el amor para siempre, y en la fidelidad sin excusas y brechas que sólo da la juventud ñoña de los veinte años.
Y me invitaste al teatro de nuevo.Y volví a ignorar tu propuesta.
Comenzaste a hacer películas, con Airbag como punto de despegue (lo siento, no he podido verla, porque las pelis tipo Tarantino no me seducen, a pesar de que la fascinación que tu presencia ejerce sobre mi ser me invita a pensarme mi decisión). Y tu nombre comenzó a sonar cada vez más fuerte.
De vez en cuando pensaba en ti, porque según avanzaba en mi carrera y me iba dando cuenta que dedicar tu vida y tus esfuerzos a una profesión que exprimiera el alma en lugar de aplastarla merecía mucho más la pena que el título de ingeniera, iba viendo cómo se reconocían tus esfuerzos.
Y llegamos a nuestra tercera vez, en la que nos cruzamos en la calle de los Reyes, antes de que el viento que siempre sopla en la Plaza de España nos arrastrara a nuestros quehaceres.
Esta vez era una bonita tarde de primavera, y tú ya eras más conocido que yo. Al cruzarme contigo pensé el saludarte, ya que no mostraste signos de reconocerme. Pero la timidez que a veces me asalta al ver a alguien que sale en la tele fue vencida por las ganas de hablar contigo. Así que allá fui.
Pero tú estabas en una fase en la que la fama te dio la suficiente altanería para pensar que yo era una de las muchas que te agobian sólo por ser un niño guapo de la tele. Y fuiste tú quien se comportó como un gilipollas. Me dejaste con la palabra en la boca y la desilusión en el cuerpo, y supe que no volveríamos a vernos.
Allí dejé la historia que ayer con tanto alborozo retomé. Porque vi cómo recogías el Goya por una película que sí he visto y que disfruté con alegría. No creo que sea la mejor película de este año. Pero actúas bien en ella. Y me gustaste.
No voy a negar que parte de tu encanto está en que eres un hombre terriblemente atractivo, y que esa sonrisa que echas medio de lado en algunos momentos te hace irresistible.
No sé si te levantas contento por la mañana o gruñón. Si eres cariñoso o arisco. Pero ayer, cuando subiste a ese escenario y miraste a los que te aplaudían con ese aplomo divertido, me sentí orgullosa de ti.
Eres un tío comprometido, sin pelos en la lengua, que se dedica a lo que, ahora ya lo sé, es una de las profesiones frustradas a las que debería haber dedicado mi esfuerzo. No es que no sea feliz con lo que hago. Ni que no me sienta orgullosa de lo conseguido hasta aquí. Pero las vidas pequeñas de la gente pequeña que me rodea me hace extrañar las luces de los teatros y los sonidos del cine que tú saboreas.
Te metiste con los obispos con esa voz tuya que borra las penas. Luchas por tu compañía de teatro que agita y sacude conciencias adormecidas. Y derrochaste encanto por los cuatro costados.
Así que, con ojeras por lo poco que dormí, con la cuenta de deberes llena de películas pendientes por ver (¿en qué cines han echado "La Soledad"?) lo único que me queda por decirte es Enhorabuena.
Eres un actor como la copa de un pino. Y a mi me vuelves loca.
Espero, sinceramente, que todo te vaya bonito.
Besos y besos de Marta.
(Carta en la que todo lo que se cuenta es absoluta verdad, sentimientos, desvaríos y situaciones incluidos, y que me gustaría dar en mano al que para mi es el actor de mi vida).
P.D. Soy de las que piensan que todas las mujeres deberíamos poner un "galán" en la vida, y a mi me gusta pensar en ti en ese sentido. Chicas, sólo hay que elegir.
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24 Enero 2008
A veces ves algo en una película (o lo lees en un libro) que te parece absolutamente genial.
No sabes de dónde habrá sacado la idea su autor, ni cómo se le ha ocurrido. Quieres hacerla tuya, y lo que más rabia te da es que no se te haya ocurrido a ti antes. Es una sensación que me asalta muy a menudo, por lo que vivo con ella. Generalmente agradable (por tanto dulce) suele tener ese punto amargo de la envidia que hace que un buen plato pase de ser rico a ser inolvidable.
Sentimiento especial por tanto. Y acaba de pasar.
Llevaba yo unos días con el ánimo revuelto por problemas en la empresa. Nada en concreto, pero el ambiente no era bueno. No disfrutaba como suelo hacerlo, echaba de menos esa tranquilidad que conseguí cuando llegué a este sitio. Ya he escrito sobre ello esta misma semana, pero ni siquiera eso me hizo sentir mejor.
Es verdad que estoy intentando que mi fantástica situación personal redunde en una mejora de relaciones laborales. Intento animar a la gente, hacer bromas, no reprimir las ganas de cantar por lo bajini que me asaltan de cuando en cuando. Pero no siempre se puede (y puede que con un solo grano de arena no se pueda conseguir).
Y hoy de repente, sin forzarlo, sin esperarlo, ha cambiado.
El momento mágico ha ocurrido.
Las risas han inundado la sala, a la gente se le notan las chispas en los ojos, burbujean las gracias y las ganas de compartir un buen momento con los demás. La complicidad se respira, tomando forma en este día de primavera avanzada que contamina el cielo de Madrid, pero levanta las almas.
Y yo, pensando en lo afortunada que soy por saber reir, me he acordado de la película de “Monsters” en la que los encargados de asustar a los niños por las noches saliendo del armario de repente se dan cuenta de que da mucha más energía hacerlos reir.
Si hoy hubiéramos tenido contenedores de risa tendríamos guardada energía para un día entero. Para esos días en que todo cuesta más, en la que el futuro de repente pierde color.
Qué idea tan genial. Risa energética. Risa fantástica.

servido por Rumores de jabón
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22 Enero 2008


Porque hay que intentar que el desánimo no nos gane.
Porque el invierno se puede entender como el preludio de la hermosa primavera.
Porque los sueños sirven para mantener vivo el deseo.
Porque de ilusión también se vive.
Porque sé que hay mucha gente a la que querer.
Porque la vida puede ser lo más emocionante que nos pase.
Porque al fin y al cabo hace un día muy bonito.
Porque hay mucha más gente de la que creo que ve la vida como yo.
Por eso y por muchas más cosas merece la pena sonreir un 22 de Enero.
servido por Rumores de jabón
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16 Enero 2008
Pasan los años, las historias y las circunstancias, pero lo que no cambia es la sensación de frustración que me invade cuando propongo algo con toda mi ilusión y descubro que la gente se toma a chufla mi propuesta.
En general qué gente más anodina rellena nuestras vidas...
Leía el domingo a (siempre espléndido) Manuel Vicent, que describía en su columna cómo la vida se pasa a veces sin que reparemos en ella, dándonos cuenta de todo lo que ha pasado sólo al final. El camino consiste sólo en una serie de rutinas que no se viven con intensidad y que hacen que los días pasen pareciéndose mucho unos a otros.
Cuando terminé la última línea pensé "Este hombre exagera. Yo no soy así. Intento apurar cada minuto, sacarle partido a todas las tardes, a todos los huecos libres, a los fines de semana, a las vacaciones, ya que las mañana son tan tremendamente sosas". Y sin embargo sé que esa gente existe, porque a pesar de que este curro que comencé en pleno verano es el mejor trabajo que haya tenido jamás, está lleno de MENTES VACíAS.
Llevo ya unos días dándole vueltas a la cabeza sobre uno de los pocos temas interesantes que tiene mi actual trabajo, y es que estamos certificados por la Norma ISO 14001:2004 que nos obliga, como empresa, a fijar unos objetivos ambientales anuales. El año pasado el objetivo de consumo de papel fue fijado por la persona que ocupaba mi puesto y no se ha cumplido ni de lejos, entre otras cosas, porque mis compañeros/as se dedican a imprimir sin límite alguno.
Puesto que considero que todos somos parte del problema (y no sólo mi jefe, que suficiente hace comprometiéndose con estas cuestiones, por mucho que lo haga por una cuestión de prestigio) estaba buscando la manera de que todos nos comprometiéramos con la solución.
Un día, estando con la familia, se me ocurrió comentarles la idea de poner una especie de "hucha verde" en la que cada uno pudiera hacer una aportación voluntaria para actividades de conservación de las especies vegetales. Ante tal propuesta mis padres se echaron las manos a la cabeza, apelando a mi sentido de la sensibilización ajena, argumentando que lo único que se me podía ocurrir no podía tener que ver con pedir dinero. Intenté contestar con que ya había barruntado la idea de hacer salidas al campo, pero que no terminaba de ver la disposición de la gente a hacer nada que implique moverse.
Aún soy la nueva en la oficina, y aunque se me pide que tenga una actitud proactiva proponer muchas cosas nuevas me cuelga el cartelito de plasta y trepilla. Así que intento ir poco a poco, pero claro, el cierre de objetivos del 2007 ha pasado y hay que dar soluciones.
Hay que tener en cuenta también que mi trabajo es poco valorado, porque todo lo que yo hago no se vende al cliente, por lo que, automáticamente no tiene un valor. Además se ve poco y no soy de las que se van quejando continuamente de todo el trabajo que tengo y qué agobiada estoy (como tantos/as otros/as). Voy aprendiendo que en la vida muchas veces vale más la imagen de quién eres que lo que realmente eres. Pero eso sí que no puedo evitarlo. Soy así.
Total, que hoy he empleado un ratito en currarme el cartelito que adjunto a este post (sin logos de la empresa, que no me quiero buscar líos de demandas) esperando que la gente al menos agradeciera la transmisión de información con un poquito de gracia (y más teniendo en cuenta que es algo nuevo, gratis y solidario!!)

Pues hace un momento tenía la cara como un tomate de ver cómo varias de mis compañeras se descojonaban en mi cara por la propuesta, diciéndome que si era en República Dominicana iban a plantar lo que hiciera falta, pero que en Madrid ellas sólo plantaban rosas en sus macetas. Que si realmente creía que algún iluminado (aparte de mi) se apuntara a esto, y que ellas tenían cosas mucho más importantes que hacer que irse a hacer tonterías en el monte.
Y lo que me pasa es que he tenido que ponerme a escribir esto deprisa y corriendo para no estallar de rabia. Agh!!! Por Dios qué asco... y luego pretenden que me preocupe por sus miserias y pequeñeces. Ah no. Eso no. Yo sigo disfrutando de la gente inteligente que, afortunadamente, la vida me ha ido poniendo en mi camino y al resto que les den.
Pero a veces qué pena, qué rabia, qué frustración...
servido por Rumores de jabón
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15 Enero 2008
...en esta vida que nos hace rodar… “Like a rolling stone”
Y sin embargo sigo teniendo la sensación de mantener el control de esta vida que siempre aporta sensaciones agradables, momentos felices y alegrías inesperadas.
Las navidades han pasado, mejor o peor (por este blog sin pena ni gloria, que desde que intento aprender a manejar el regalo de Navidad de mi empresa, un ipod demoníaco que no se usar, no hago otra cosa) y aquí estamos inmersos en el frío e invernal mes de enero.
La noche de Reyes ha sido para mi una de las mejores noches de la última época, porque lo pasé estupendamente rodeada de amigos, amigas y fiesta en un garito petardo del centro de Madrid.

Las cosas en casa han mejorado mucho, y después del ataque viral de JB que amenazó seriamente nuestra convivencia y mi no parar en casa aprovechando que los días de fiesta son la mejor excusa para no hacerlo todo ha ido sobre ruedas.
Y ahora, visualizando el año que empieza, estoy convencida de que todo va a ir bien. Estoy fuerte y animada, por lo que espero participar activamente en una precampaña electoral que se presenta caliente contra los obispos enfurecidos, los “populares” obnubilados, y los socialistas sumidos en una autocomplacencia que no beneficia a nadie.
Yo, por si acaso iré recordando a muchos de los que me rodean, con la capacidad crítica y la costumbre de analizar totalmente atrofiadas, que como entre nuestro amigo el barbas a gobernar de la mano de los fundamentalistas católicos ya podemos ir despidiéndonos de elegir cuándo traer hijos a este mundo, de divorciarnos de una manera rápida y eficaz y de vivir nuestra sexualidad de manera libre y desinhibida.
Y en el fondo si lo pienso bien a mi me lo ponen fácil. Mujer de bien, casada con hombre de bien, queriendo tener hijos/as y con buenos sueldos… de esta me ponen un monumento!! Jejejeje…
En fin. Que feliz año a todo el mundo y a seguir bien. Debo visitas y poco a poco las haré. Pero a los que ya sabéis os sigo queriendo mucho, mucho. Besoooooos!!
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26 Diciembre 2007
Motivación: "Es el impulso que inicia, guía y mantiene el comportamiento, hasta alcanzar la meta u objetivo deseado".
Estoy haciendo un pequeño estudio en Internet sobre la motivación, y me encuentro esta definición que, por mucho que la incluya en el próximo cuestionario de satisfacción laboral, no entiende nadie. Si es que ya lo dice el Informe PISA. Hay que darlo todo mascado y bien mascado.
Analizando los datos de mis compañeros/as me doy cuenta de que, a pesar de que no lo parecía, la gente que me rodea se encuentra bastante amargada y descontenta. Claro, que seguro que piensan que la motivación es algo que debemos currarnos los demás, no algo que está dentro de nosotros y que hay que trabajar día a día…
Qué gusto de Navidad, oye, con todo el mundo de mala leche y curro rebosando por las orejas… JB hecho un muermo, y yo con cosquillas en los pies en cuanto paro quita dos minutos.
Pues no pienso parar. Si algo me está gustando de verdad de estas fiestas es que no paran de salirme planes. Estoy viendo a gente que hacía eras que no veía. Me siento más guapa, más mujer y más dinámica que nunca. Y a pesar de que la culpa por no atender a mi pareja como creo que él desea me persigue no consigo que me alcance.
No creo que deba esforzarme en hacer algo que no me apetece. En realidad no hago daño a nadie, y esto me ayuda a afrontar el nuevo año con un estado de ánimo suficiente para no caer en la tradicional depresión post-navideña que surge cuando ves en el calendario que no hay una sola fiesta hasta que florezcan los manzanos.
Estoy motivada. No sé si en el curro, pero al menos en la vida. Y aunque nadie me sigue no lo echo en falta. Últimamente siento que la libertad no es un concepto, sino un derecho que hay que practicar para no perderlo en alguno de los pliegues de la rutina.
Intento hacer feliz a los que me rodean, pero sólo veo caras largas. Y de verdad que intento hacerlo bien, pero parece que no me sale. Así que sólo por eso merece la pena salir e intentarlo con el resto. Al menos no será porque no pruebo…
La Nochebuena ha pasado y hemos sobrevivido, así que sólo por eso ¡brindemos!
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19 Diciembre 2007
No hay derecho a que vivamos en un mundo en el que los humanos decapitamos a los lobos marinos porque compiten con nosotros por la pesca.
No hay derecho a que la semana de antes de Navidad las limpiadoras del metro de Madrid madruguen para intentar reivindicar sus derechos e informar a los usuarios y se las trate de vagas e irresponsables.
No hay derecho a que Elisa se quiera dormir esta noche con Mario y no pueda hacerlo porque las convenciones sociales se lo impiden.
No hay derecho a que tenga unas ganas locas de pasarlo bien y de decírselo a todo el mundo y que la gente que me rodea esté de un humor de perros o enfermo/a.
No hay derecho a que un hombre pida para comer en el metro y resbale mi mirada sobre él recordando el cartelito que aprendí en la infancia sin saber lo que significaba (“No colabore con la mendicidad organizada”) sin recordar a cambio cómo se define la dignidad.
No hay derecho a que sea miércoles y no sábado.
No hay derecho a que hoy vaya a pagar 1.000 € de lotería de toda la oficina y no podamos donar 23 € (uno por empleado) para una buena causa.
No hay derecho a que eche tanto de menos a quien no está.
No hay derecho a que nos obliguen a celebrar la Navidad.
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12 Diciembre 2007
Hola chicos (y chica)... Ante todo no os preocupéis mucho por mí, porque esta página es fundamentalmente un espacio donde volcar sentimientos más o menos esporádicos que no modifican sustancialmente mi vida... al menos eso creo!
He tenido que tomar en estos días una decisión drástica con una persona absolutamente maravillosa que, sin embargo, interfería peligrosamente en algunas de mis relaciones habituales, haciendo tambalear su estabilidad (JB, amigas, parte de la familia...).
Es duro (mucho!) pero creo que, de momento, es mejor. Soy de las que piensan que todo en esta vida tiene remedio, y que a lo mejor no era el momento. Quizá ese momento resurja algún día y entonces me podré dejar llevar.
Lo único malo es que me ha pillado en unaetapa dura de mi vida (ya sabéis) y encontrar a alguien que da la vuelta al mundo por su manera de plantearse la vida de repente me ha hecho darme cuenta de que, sobre todo, merece la pena vivir a tope.
Quizá el peso de las responsabilidades me pudo en ese momento y dar con alguien que no las tiene y que no las quiere me ayudó a reencontrarme.
Quizá es que a veces hace falta "romper" con lo habitual para asumir los golpes.
Quizá es que conocer gente consiste en esto.
Me quedo con lo bueno, y es que sigo teniendo la sensación de que hay mucha gente que vive una vida pequeñita. Sus pequeños problemas se convierten en una amargura cotidiana que apaga las sonrisas esporádicas que nos regala el día a día. Con ellos si que brillan menos la Navidad, el verano y las mañanas frías.
Pero sé (siempre lo he sabido) que hay gente grande con vidas grandes. Generosos con el mundo me demuestran que aunque vivamos vidas alienadas en ciudades alienadas quieren estar con los demás, compartir con el mundo que están vivos.
Eso me ha hecho sentir eufórica, feliz... he reestrenado las ganas de pasar mi vida con la gente que quiero. Me he dado cuenta de que si la sangre corre por nuestras venas sin coagularse es porque en ningún momento se para.
Eso no quiere decir que no tenga también momentos de tranquilidad, de sosiego, sólo para mí. Los sustos del otoño me han servido para ser consciente de que sin cuidarnos no podemos seguir bullendo.
Pero la mente me pide no parar, así que chicos, chicas, mucho cuidado que aprieto el acelerador.
Allá voy!! 
servido por Rumores de jabón
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