Ay escritores de mis amores, que ni os leo ni os informo de cómo va mi vida. Recuerdo muy bien cuándo, en los principios de este blog, me angustiaba ver como buenos amigos desaparecían de sus "casas" sin dar más noticias, llegando a plantearme a veces si no les habría pasado algo...

Y ahora voy yo y hago lo mismo.

Los avatares de mi vida siguen siendo los de siempre. Curro, amores y alegrías en las dosis justas para permitirme seguir siendo feliz y aprovechar el tiempo al máximo.

La llegada del nuevo miembro a la familia (y más después de lo pasado en el otoño) me tiene absorbida, porque es absolutamente fascinante ver como la vida se abre paso sin obstáculos que la paren. De repente Aitor tiene alguien a quien cuidar y sus ojos se llenan de hermana cuando alguien se acerca a ella. Su instinto primario es protegerla, y eso fascina, más cuando pensábamos que los celos eran los primeros en surgir en estas situaciones.

Carla es la pulga-bebé más bonita del Universo, al menos hasta que alguien me demuestre lo contrario, y tenerla en brazos es un placer sólo comparable a hincar el diente en un croissant recién hecho. Es un bultito que hace ruiditos mientras desprende calor a todos los que la rodean.

El invierno ha pasado sin mucha pena ni gloria. No hemos viajado tanto como desearíamos, pero los fines de semana en casa han servido para practicar el deporte en pareja más reconfortante del mundo y para activar nuestra vida social, que nunca ha sido aburrida, pero ahora está mejor que nunca.

La primavera ha llegado y tengo la sensación de que algo dentro de mi fuera a explotar al son de las hojas recién estrenadas y las flores que con estas tardías lluvias salen por todas partes.

Mi madre me regaló una maravillosa planta de Dalias que vuelven a estar a punto de salir y la emoción me bulle por dentro de ver que en la terraza del ático alquilado (ese que ocupamos hasta que nos den la casa nueva en otoño) hasta los cactus están en flor.

Los viajes comienzan pronto, y es que suficiente hemos parado ya en casa. Y hay que aprovechar, porque este año no quiero perderme ni un solo campo de amapolas. Entre medias tengo médicos y esperanzas varias (creo que ya sabéis de qué voy ) que no materializaré hasta que no sea seguro, que luego resulta muy duro dar malas noticias sin veros las caras.

Espero poder volver algún día al nivel en el que estuve, pero las ganas de sentarme en el ordenador al llegar a casa son nulas, y en el trabajo no me dan mucho tiempo para ello...

Lo que no quiero dejar pasar es la oportunidad de mandaros un beso muy grande y deciros a todos los que sois tan especiales para mi que os echo mucho de menos. Aunque no venga mucho por aquí....