Carta a Alberto San Juan

Estimado Alberto.
Ya desde que nos conocimos (si es que conocemos a alguien, que a veces ni yo sé quién soy) aquella noche en
Por eso cuando tú me contaste que tenías una compañía alternativa de teatro yo me comporté como una gilipollas y pensé que no era más que un truco para intentar llevarme al huerto. Bendita soberbia de juventud. Recuerdo (aunque suene cursi) cómo brillaban tus ojos en aquella noche, en la que intentabas contarme que, a pesar de que ser camarero te daba de comer, tú eras actor. Comprometido y solidario. Bohemio y sin un duro. Pero actor.
Yo prometí ir a verte y me escabullí a casa pensando que la vida me ofrecería gente mucho más interesante en su devenir.
Volvimos a vernos en las Fiestas de San Antonio, en la calle del Pez, con una sangría y una cerveza en la mano. Me abrazaste con una sonrisa que no te cabía en la cara, y me preguntaste por qué no te había llamado. En ese momento descubriste a Vicente a mi vera, y su cara de pocos amigos, y te apartaste algo de mi. Mientras me preguntabas con la mirada yo te contestaba que, afortunadamente, creía en el amor para siempre, y en la fidelidad sin excusas y brechas que sólo da la juventud ñoña de los veinte años.
Y me invitaste al teatro de nuevo.Y volví a ignorar tu propuesta.
Comenzaste a hacer películas, con Airbag como punto de despegue (lo siento, no he podido verla, porque las pelis tipo Tarantino no me seducen, a pesar de que la fascinación que tu presencia ejerce sobre mi ser me invita a pensarme mi decisión). Y tu nombre comenzó a sonar cada vez más fuerte.
De vez en cuando pensaba en ti, porque según avanzaba en mi carrera y me iba dando cuenta que dedicar tu vida y tus esfuerzos a una profesión que exprimiera el alma en lugar de aplastarla merecía mucho más la pena que el título de ingeniera, iba viendo cómo se reconocían tus esfuerzos.
Y llegamos a nuestra tercera vez, en la que nos cruzamos en la calle de los Reyes, antes de que el viento que siempre sopla en
Esta vez era una bonita tarde de primavera, y tú ya eras más conocido que yo. Al cruzarme contigo pensé el saludarte, ya que no mostraste signos de reconocerme. Pero la timidez que a veces me asalta al ver a alguien que sale en la tele fue vencida por las ganas de hablar contigo. Así que allá fui.
Pero tú estabas en una fase en la que la fama te dio la suficiente altanería para pensar que yo era una de las muchas que te agobian sólo por ser un niño guapo de la tele. Y fuiste tú quien se comportó como un gilipollas. Me dejaste con la palabra en la boca y la desilusión en el cuerpo, y supe que no volveríamos a vernos.
Allí dejé la historia que ayer con tanto alborozo retomé. Porque vi cómo recogías el Goya por una película que sí he visto y que disfruté con alegría. No creo que sea la mejor película de este año. Pero actúas bien en ella. Y me gustaste.
No voy a negar que parte de tu encanto está en que eres un hombre terriblemente atractivo, y que esa sonrisa que echas medio de lado en algunos momentos te hace irresistible.
No sé si te levantas contento por la mañana o gruñón. Si eres cariñoso o arisco. Pero ayer, cuando subiste a ese escenario y miraste a los que te aplaudían con ese aplomo divertido, me sentí orgullosa de ti.
Eres un tío comprometido, sin pelos en la lengua, que se dedica a lo que, ahora ya lo sé, es una de las profesiones frustradas a las que debería haber dedicado mi esfuerzo. No es que no sea feliz con lo que hago. Ni que no me sienta orgullosa de lo conseguido hasta aquí. Pero las vidas pequeñas de la gente pequeña que me rodea me hace extrañar las luces de los teatros y los sonidos del cine que tú saboreas.
Te metiste con los obispos con esa voz tuya que borra las penas. Luchas por tu compañía de teatro que agita y sacude conciencias adormecidas. Y derrochaste encanto por los cuatro costados.
Así que, con ojeras por lo poco que dormí, con la cuenta de deberes llena de películas pendientes por ver (¿en qué cines han echado "
Eres un actor como la copa de un pino. Y a mi me vuelves loca.
Espero, sinceramente, que todo te vaya bonito.
Besos y besos de Marta.
(Carta en la que todo lo que se cuenta es absoluta verdad, sentimientos, desvaríos y situaciones incluidos, y que me gustaría dar en mano al que para mi es el actor de mi vida).
P.D. Soy de las que piensan que todas las mujeres deberíamos poner un "galán" en la vida, y a mi me gusta pensar en ti en ese sentido. Chicas, sólo hay que elegir.







Podría pasarme la vida haciendo pompas de jabón de colores..
Pispita dijo
Hola, niña.
Aunque no me gusta responder ni comentar en los blogs de los demás simplemente por corresponder ni por mero compromiso, he de reconocer que, de entrada, contigo sí sentía una peque cuenta pendiente; porque eso de llevar tantísimo tiempo sin pubicar nada nuevo, y tras decidirme a hacerlo, encontrarme con un comentario tuyo a tan escasos segundos... :) Mil gracias, Marta. Sin más comentarios.
Y el caso es que me vengo a saludarte y a saber de ti, después del despiste inicial que me produjo tu nuevo sobrenombre (hermosísimo!!! Me encanta!!!), y me encuentro con la grata sorpresa de este post.
Ayer vi la gala de los Goya con mi compañero. Y en el justo instante previo a la revelación del nombre del "mejor actor", le exclamé: "Ojalá fuera Alberto San Juan". Hay una extraña mezcla de sencillez, proximidad, ¿química?, o quizás, como tú dices, atractivo, que hacen que me guste la persona y el actor. Que me cae bien, vaya. Aunque en mi caso, desde luego, nunca le he conocido personalmente, ni he llegado tampoco a considerarlo tanto como un ídolo, actor preferido ni nada por el estilo.
Pero como decía, me cae en gracia.
Lo que escribes, Marta, insisto en que me ha resultado una grata sorpresa. Es muy auténtico, muy humano. Ni tú eres la perfecta protagonista de una idílica historia sentimental, ni él es el perfecto súper héroe de un film de súper éxito.
Así somos las personas. Así son nuestras historias. Así es la vida misma. Por lo que a mí respecta, hubiera sobrado el paréntesis aclaratorio final. Como siempre, transmites mucho. Eres auténtica, Martita.
Un beso enorme. También por mi parte, un verdadero placer volver a saber de ti.
Pispita
4 Febrero 2008 | 12:36 PM