Una historia triste de una mujer alegre
Érase una vez una mujer alegre, con una vida alegre y un futuro alegre.
Esa mujer trabaja en sola. Y eso la pone triste. Le han propuesto cambiar de trabajo. Noticia alegre. Pero ella no sabe qué hacer, por lo que los nervios le quitan el sueño y la sonrisa.
Su compañero la hace muy feliz. Y le da buenos consejos. Pero ella no sabe decidirse, lo que convierte su vida y su pareja en una situación confusa. Así que nuestra mujer no sabe muy bien qué decir cuando el tema sale en las conversaciones.
Tiene una hermana a la que quiere con locura. La echa mucho de menos, porque desde que viven las dos sus alegres vidas ya no hablan como antes. No se ven como antes...
Tampoco le puede contar a su hermana cómo se siente. Se le han olvidado las palabras que antes usaba para contar las cosas que no tenían nombre ni moraleja. Ahora ya no sabe cómo hacerlo.
Tiene un padre y una madre a los que también quiere con todo su alma. El padre de la mujer alegre es tranquilo. Su madre es una mamá triste. Los papás ya no se quieren como antes, y donde antes había comprensión ahora sólo hay desencuentros. Más nervios que se suman a los de antes. Menos sueño y menos sonrisa.
Tiene un tío triste recién separado. Una abuela triste y viuda.
Y nuestra mujer alegre intenta por todos los medios infundir alegría en todos aquellos que ama. Intenta recordarles que la vida es así, tal y como nos toca. Que hay que regocijarse todos los días por lo que tenemos y lo que tendremos, porque al fin y al cabo somos una familia afortunada.
Todos ellos han decidido irse este fin de semana a León de casa rural para estar juntos y festejar que se quieren.
El marido alegre no se siente demasiado entusiasmado por juntarse con una familia política a la que no entiende demasiado bien.
La mamá triste ha llamado a su hija alegre llorando porque se encuentra mal de salud y el padre tranquilo no la entiende.
El padre tranquilo no quiere organizar nada porque quiere simplificar su vida de recién jubilado.
La hermana de la mujer alegre no quiere ir con su hijo pequeño porque tiene anginas.
La abuela triste agobia a la hija triste y a la nieta alegre porque no sabe qué es lo que van a hacer y no quiere quedarse en casa ni salir a pasear.
El tío triste no sabe qué va a hacer con su vida de recién separado...
Y nuestra mujer alegre sólo quiere dormir y despertarse el lunes que viene.
Hoy está triste. No quiere ir de fin de semana.
No quiero ir.









Podría pasarme la vida haciendo pompas de jabón de colores..
eltioantonio dijo
Lo siento, pero espero que no sea tan malo como esperas. Disfruta de tu esposo, tu vida y tu edad... Ya lo demás vendrá después.
Abrazos Marta
17 Mayo 2007 | 05:45 PM