Como cada día es diferente y mis neuronas viajan de un estado de ánimo a otro opuesto cada hora hoy me ha dado por pensar en el tema mundialmente conocido, comentado y practicado con regocijo y ahinco.



SEXO, Sexo, Sexo



Y es que a una se le agolpan las preguntas en la cabeza.


(Parece que le estoy copiando a Lucas el tema de las Cinco del Viernes, pero es que hoy me he levantado preguntona y contestona, supongo. . La gran diferencia, Lucas, y espero que me perdones, es que las mías sólo son tres).


Disparo.

1.- ¿Qué sentido eliminarías del acto sexual? (Y no vale decir que ninguno, porque eso ya lo sabemos…)


Yo estoy segura que el del olfato (a pesar de los pesares Shenka)

La explicación:


La vista mola. A mí eso de estar con otra persona a oscuras no meva mucho.Mucha imaginación si quieres, pero para eso ya están las fantasías y onanismos varios. Si me voy a la cama (sofá, playa, piscina, aseos del garito de moda, etc) con un ser de carne y hueso prefiero verlo, no vaya a ser que me arrepienta luego.

Siempre está el tema de que con MUCHA luz mis defectos (que haberlos desgraciadamente haylos) saltan a la vista, pero tampoco he logrado acostarme con Brad Pitt, así que la mínima celulitis y esos michelines tiernos imposibles de ocultar no importan. Si hay TANTA luz al otro también se le ve todo…


Del oído ni hablamos. ¿Cómo voy a querer perderme los jadeos y grititos de emoción del que disfruta (espero) a mi lado? Es verdad que SIEMPRE se oye algún ruidito inesperado que no mola nada y que puede originar cierto rubor repentino, pero las tosecillas improvisadas en el momento justo lo disimulan todo.


El tacto no se merece mención. Si me lo monto con alguien es para sentir, ¿no? (Aunque sean cachetes en el culo o arañazos en la espalda creo que merece la pena, jeje).


Y el gusto (que va con el olfato pero vamos a intentar diferenciarlos) me parece que está fenomenal. Una es golosa por naturaleza, y si el cuerpo en cuestión no es muy “salado” siempre mejora con nata y chocolate, ñam!


Definitivamente el olfato, que es lo que menos me pone. Los perfumes, olores a limpio y olores de “amor” me chiflan, pero es tan fácil oler algo “raro” en plena faena y que se me baje tó que prefiero eliminarlo. Por si acaso…


2.- Hay que montárselo a tres. Tú eliges dos porque eres el tercero. ¿Qué sexos eliges?

Mmmmm… somos tres.


¿Tres tías? Creo que no. Algo de variedad…Como idea no es mala, pero una no es que tenga mucha experiencia con estos temas, así que creo que es mejor contar con "algo" conocido...Vamos al resto de opciones.


¿Dos tíos y yo? Fff… demasiado, no? Ya que me pongo a montármelo en trío me lo monto bien y pruebo todo lo probable. Aunque se me ocurren combinaciones que harían que me decantara por esta opción sin pensarlo mucho. Además, una se siente un poco Reig Martí, el Rey de las Camas, pero en este caso la Reina. Me lo pensaré


Un tío y una tía. Y elijo yo, claro. Creo que hoy, y sin que sirva de precedente me decanto por esto. Tiene morbo la historia. A pelo y a pluma, que se dice en mi casa. Lo conocido y lo que no. Lo morboso y lo aprendido... ¿Y si se lo montan entre ellos y pasan de mí? Pues habrá que buscarse la manera de meterse en medio, jijiji…


3.- ¿Cuántas veces de media hay que “empujar” durante el acto amoroso para llegar al clímax de ambos componentes de la pareja?


Esta pregunta ya la he hecho en varias reuniones de amigos (con las consecuentes caras de “ a ti se te va mucho la pinza”) y nunca hemos acordado una cifra… ¿60? ¿150? ¿500?


Yo la verdad es que no tengo ni idea, y siempre que me propongo contar se me termina olvidando la cuenta…

Creo que 500 son muchas ¿no? Es verdad que cada uno lleva su ritmo, pero tiene que haber una media… Creo que voy a tener que llamar a Lorena Verdún. Me decanto por unas 100, porque hay que mojarse, pero no lo tengo muy claro (ahora se me hacen pocas... ¿200?)