¿Hay un estado de ánimo para los lunes de enero?
Mira que es difícil estar de bien humor los lunes… Y si encima amanecen como este 22 de enero en Madrid peor.
Y eso que el fin de semana ha estado animado, pero es que hace días que tengo el alma revuelta.
No se muy bien cómo definir el estado de ánimo que me invade, porque definitivamente no es alegría, pero tampoco tristeza. No es enfado, pero tampoco estoy relajada. No termino de disfrutar las sensaciones, y la irritabilidad campa a sus aires por encima de mi piel, así que quizá sea desasosiego.
Estoy en permanente alerta, como si siempre fuera a pasar algo. Si el teléfono suena sin yo esperarlo me rebota el corazón pensando en qué ha podido pasar. Si algún sonido subido de decibelios me pasa cerca la inquietud roza la angustia, sin motivos para estar así.
Creo que es el invierno, que nunca me ha gustado.
Y este fin de semana he estado en Ciudad Real con JB, mi hermana con familia incluida y mi abuela. Hemos pasado unos gratos días, que no eran más que el regalo de Reyes de la abuela (ni se sabe el tiempo que llevaba pidiendo ir a un Parador, así que gracias a los Puntos de Amigos de Paradores nos hemos podido permitir el lujo de invitarla a Manzanares).
Pues eso, nos hemos ido todos juntos a conocer tierras manchegas, que yo ya las tenía olvidadas. Y ha estado bien. Pero yo no he terminado de disfrutarlo.
Hay algo que últimamente se me pone entre los ojos que me recuerda que todo es efímero. Que nada es realmente real.
Estuvimos en el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel.
Invito a cualquier escéptico sobre el uso irracional del agua que estamos haciendo en España a visitar este parque. 1.800 hectáreas de tierras secas y patos afanados en buscar un medio adecuado para poder recordar cómo se nada. 
Huele a agua estancada por donde quiera que vayas. Los carrizales recuerdan a desastres naturales relacionados con el fuego, y no a llanuras inundables rebosantes de humedad y vida. No llueve en Ciudad Real. No llueve en Madrid. No llueve en España.
Pero abro El País y veo anuncios de fantásticas Urbanizaciones con campo de golf, veo invitaciones a instalar aire acondicionado gratis hasta el verano, veo noticias estúpidas discutiendo sobre dónde poner las fronteras. Y me acuerdo todos los días de la frase aquella que dijeron los indios americanos de que “el dinero no se come”…
Y luego, de vuelta, leo que las supuestas víctimas del terrorismo (o secuaces que se reúnen en nombre de la AVT) increpan en la Puerta del Sol a viandantes por llevar El País, y no el Mundo o la Razón.
Me llama mi madre. Después de perder a Rita nos enteramos de que Tito, el gatazo de la familia, el amor de mis amores antes de que mis dos niñas pasaran por mi vida, está muy enfermo. Mamá llora.
La abuela me dice que la echa de menos. Que nos echa de menos por culpa del Paseo de Extremadura cortado por obras desde tiempos inmemoriales… y mi abuela ya no está para ir sola en el metro, señor Alcalde.
Y JB me dice que estoy rara, despegada…
Y aún me planteo traer un hijo a este mundo. ¿A qué mundo quiero traerlo?
No sé. Creo que es angustia.


Podría pasarme la vida haciendo pompas de jabón de colores..
profe dijo
Llevaba un tiempo sin pasar por aquí y me ha dado un poco de pena leer que estás con esa angustia. Marta, supongo que no soy quien para dar consejos a alguien que sólo conozco por lo que escribe en un blog fantástico, pero me quedo con la Marta positiva y optimista de hace unos meses.
Creo que a veces revolotea esa asquerosa tentación de ver el mundo de color gris, de querer resaltar más las sombras que las luces, de tratar de regocijarnos en una especie de sentimiento absurdo (y algo destructivo) buscando que nos compadezcan. A mí me pasa de vez en cuando. Sólo encuentro una fórmula para salir de esa angustia y es olvidarme de lo que me angustia y tratar de hacer una pizquita (sólo una pizquita) más amable la vida del que está a mi lado: hoy preguntaré a Luis si se resolvió lo de la hipoteca de los huevos, hoy preguntaré a Paco por las náuseas de Rocío y su embarazo de tres meses, hoy llamaré a casa para decir a mi madre que la receta que me pasó salió de cine, intentaré ser amable con el servicio de atención al cliente de Iberdrola porque quien coje el teléfono no tiene la culpa, hoy trataré de sonreir mucho aunque en algún momento esa sonrisa me la tenga que pintar.
Un beso muy fuerte
22 Enero 2007 | 11:13 AM