Águeda sólo quería cambiarse el nombre… siempre pensó que el que le había tocado en suerte era simplemente feo.
Muchas veces había hablado de eso con su madre, porque siempre quiso entender las razones de llevar ese nombre. Nadie en la familia lo había tenido hasta donde alcanzaba la memoria de los más mayores, y el hecho de que la Santa homónima hubiese sufrido como martirio el corte de sus dos senos no mejoraba nada la historia.
Lo único que parecía algo gracioso es que en Segovia, el día de la Santa, se celebra una curiosa fiesta en la que mandan las mujeres sobre los hombres…
Pero es que Águeda Martínez López no tenía a quien mandar. La verdad es que muy agraciada no era, y tampoco es que se le hubiera dado demasiado bien ligar en discotecas y saraos cuando aún estaba en edad de hacerlo. Y ahora, con 33 años se le hacía difícil encontrar sitios para conocer a esta media naranja tan anunciada en chats y publicidad televisiva.
Cuando Águeda lo piensa no le parece tan raro llevar un nombre fuera de lo común, porque conoce unos cuantos peores, pero es que la infancia se le hizo muy larga, buscando en las ferias de los pueblos las famosas pulseritas o postales en las que jamás aparecía ella. Han sido muchos años dando su nombre dos veces hasta que su interlocutor lo entendía, para poner inmediatamente cara de ¿y tú qué has hecho para merecer ese apelativo?
Lo peor fue cuando al entrar en la Universidad el guaperas de clase, por el que ella bebía los vientos, se acercó una mañana (¡oh! Dios mío, viene hacia aquí, hacia MÍ) y le dijo que su nombre sonaba a desgracia. ¿A desgracia? Desgraciado tú capullo, que acabas de romper mi corazón en 13 cachitos imposibles de volver a pegar…
Así que hoy, 27 de septiembre de 2006, Águeda va por la calle pensando cómo arreglar semejante entuerto. Ha tomado una decisión. Va a cambiar. Ella no se reconoce en esta mujer anodina, gris, en la que se ha convertido. Ella quiere vestir de rojo, gritar, llorar y reir, cantar, vivir, que no sobrevivir que es lo que hace últimamente.
Ha decidido buscar nuevo trabajo y apuntarse al gimnasio, pero para ello tiene que hacer otra cosa muy importante primero. SE VA A CAMBIAR EL NOMBRE. Le ha dado muchas vueltas, pero piensa que no es la única. Al fin y al cabo las monjas se buscan un nombre nuevo al ingresar en la orden, no? Y en la clandestinidad (le encanta esa palabra) los luchadores y revolucionarios también se cambian el nombre para que no les reconozcan.
Va camino del Juzgado, porque tiene que averiguar los trámites para cambiar todos los papeles, DNI incluido… luego tocará cambiar el CV, apuntarse al gimnasio, esas cosas…
Sigue pensando. Ahora no sabe cuál elegir. Al fin y al cabo tiene unos apellidos tan comunes que un nombre común también sólo hará hundirla más en el montón. No, tiene que buscar algo con glamour, con clase, pero que suene bien, que no necesite de un ¿Qué? cuando lo dice a alguien….
Águeda tiene una amiga, Marta, que cuando han hablado de estas cosas le dice que ella elegiría Tamara o Fátima. Lo de Tamara porque al fin y al cabo es casi el mismo nombre que Marta al revés… Marta, Tamar, Tamara (esta chica, como piensa). Lo de Fátima lo dice porque Marta parece medio mora, y ya en un viaje a Tánger la llamaban así la gente de allí, o sea que parece bueno también…
Águeda no se atreve a pensar cuál es el nombre que le pega. Al fin y al cabo va a comenzar los cambios de look, pero muy guapa, lo que se dice guapa no es.
El caso es que de tanto pensar ha llegado al Juzgado y aún no tiene pensado el nombre. Bueno, no pasa nada, porque sólo voy a preguntar por los trámites a realizar. Ya lo decidiré después.
Atraviesa un pasillo camino del mostrador de Información, pero sólo ve una mesa al fondo con una chaval sentado enfrente de ella. Pues nada, a preguntar.
El impacto al ver los ojos del chaval (bueno, de chaval, nada, que los 35 tacos no se los quita nadie) la dejó clavada en el sueño. Ella había visto esos ojos antes…en algún lado. Y se dio cuenta. Era exactamente la misma mirada triste que veia ella en el espejo todas las mañanas…
- Sí, señorita, ¿qué desea?
- Pues… mire, este, yo… pues venía a preguntar por los papeles para cambiarme el nombre
- ¿Motivo?
- ¿Qué?
- Motivo, señorita. Que por qué viene a cambiarse el nombre
- Pues… porque no me gusta.
Una mirada de interés se posó sobre ella. Ay no! Que no me lo pregunte, por favor, por favor…
- Mire. Es que eso, a menos que sea un nombre ofensivo o que Ud. pueda demostrar que lleva mucho tiempo usando no se puede hacer. ¿Me puede decir qué cambio desea?
- A lo mejor aquí no resulta importante. Y en realidad no he pensado qué nombre ponerme… Soy Águeda… Martínez López
- Ulises Valiente Melón para servirla, señorita. Cuando deje Ud. de reírse si quiere la invito a un café. Aquí es malo, pero algo es algo, no?

Marta, si que el nombre tiene mucho ver en tu vida, no sé por qué? pero suele ser así.
Hay un chiste que dice: "Se llamaba María Ramos y le pusimos La Cagamos"
Un saludo
Pues a mí, Águeda o Gadea me gustan... Tener un nombre diferente, y no ridículo, es garantía de popularidad en el colegio y eso determina ciertas actitudes ante la vida. Los niños guays de mi colegio e instituto tenían nombres poco frecuentes. Eso sí, tener en cuenta los apellidos.. eso es importante. Ja,ja,ja... que todos tenemos en mente alguna desgracia que otra..
Jajaja¡¡..¡¡¡Valiente Melón¡¡Lo cierto es que los nombres y apellidos que se prestan a escarnio en los colegios, crean carácter a sus portadores, y no precisamente bueno. Complejos y eso.
Yo sabía de otro que se llamaba Pedro de la Mierda y como no le gustaba fué a cambiarselo. Pidió que le pusieran JUAN de la Mierda....
a mi también me gusta Águeda, además los niños pueden ser crueles con cualquier motivo...aun recuerdo al pobre de Esteban que no se quitó la coletilla del "co" final hasta el instituto. Los hay peores: Dolores, Angustias, Remedios...todos los que significan algo de ese tipo son los que menos me gustan, pero es cierto que imprimen caracter, así no eres una María cualquiera (con perdón de todas las Marías)
Además ¿quién a estas alturas se ve con otro nombre diferente? yo por lo menos no..
Yo llevo toda la vida queriendo cambiarme el nombre.
Cuando yo nací en España no dejaban poner nombres extranjeros,por eso mis padres en vez de Melanie tuvieron que inscribirme como Maria Melania.
Quitando en mi DNI o en mi tarjeta del médico yo nunca utilizo ese nombre.
La cara de sorpresa que se le queda a la gente cuando me llaman en el médico es para verla,yo creo que se imaginan a una abuelilla.
En el cole me pasaba la vida diciendo Melanie por favor no Maria Melania.
Así que entiendo a tu amiga perfectamente.
Afortunadamente eso ha cambiado mucho si lo comparamos con los tiempos prehistóricos en los que yo nací, en los que era casi seguro que te tocara el nombre de tu padre o de tu madre fuera el que fuese.
Debían dar opción de cambio al tener uso de razón y elegir el que mas gustara.
A propósito; muy buena tu capacidad de fabulación y tu calidad narrativa.
Luego no vengas quejándote y envidiando a nádie.
Saludos y sonrisas.
Marta que delicia de relato, he disfrutado un monton, oye este final apunta una segunda parte, ¿se cambiaran el nombre los dos u optaran por argunentar juntos e incluso fructifica la relacion?... ya nos contaras si hay algun cambio futuro
besos wapa
Peor era lo de la comadrona que se llamaba Dolores Fuertes de Barriga...
O el médico del ambulatorio al que voy, que es traumatólogo y se llama Dr. Escayola.
O la compañera de universidad de mi madre, de apellidos Gorro Anglés, y un profesor la llamaba siempre "Señorita Bombín"
Que raros somos los humanos...
Si eres una tortuga, te llamas tortuga.
Si eres un tigre, te llamas tigre.
Si eres una cucaracha, te llamas cucaracha.
Y si eres una persona: Águeda, María, Marta, Pepa, Angustias, o, en su defecto, Joaquin, Iker, Wenceslao, Jose Antonio, Pablo...
Raros con ganas.
Ganas de complicarse la vida, la verdad...
La verdad es que la historia es interesante y el final bastante gracioso. Supongo que algo habrá de verdad en la misma ¿No? Bueno, tal vez todo sea verdad ¿Por qué no?
Tomando un poco el asunto del nombre que no agrada a quien se lo pusieron, no comprendo porque no tiene derecho a cambiarse de nombre.
Que nos tengan tan fichados es una costumbre adquirida por muchos estados como el nuestro que presupone que uno no puede moverse de la fila porque provocaría el caos del sistema.
Pero ¿Sería tan problemático alterar un poquito el orden?
No sé, pero me da que no.
Un beso
P.S.: Águeda me parece un nombre precioso.
Tiene razón jotatrujillo. De un simple pensamiento haces una pequeña obra de arte y manteniendo el suspense hasta el fina.
En cuanto a burlas en el colegio, ya sabes, de niños somos bastante crueles y si no nos burlamos del nombre siempre habrá algo para cachondearnos de alguien.
Te mando unos cuantos apellidos gracioso que encintré por internet;concretamente en:
http://www.magacin66.com/taller/?p=210
El blogger dice que son verdaderos.
Antonio Bragueta Suelta
Agustín Cabeza Compostizo
Román Calavera Calva
Alberto Comino Grande
Pascual Conejo Enamorado
Señor Dios Pujol
Jesús Están Camino
Eva Fina Segura
Margarita Flores del Campo
Isolina Gato Sardina
José Luis Lamata Feliz
Amparo Loro Raro
Señora Macarrilla Franco
Miguel Marco Gol
Catón Nino Garabato
Ana Mier de Cilla
Rosa Pechoabierto y del Cacho
Evaristo Piernabierta Zas
Presentación de Piernas
José de la Polla
Ramona Ponte Alegre
Ana Pulpito Salido
Emiliano Salido del Pozo
José Sin Mayordomo
Pedro Trabajo Cumplido
Abundio Verdugo de Dios
Miren Amiano
Pero que linda historia no?.... Me ha gustado mucho Martita...
¿Qué tal ayer?... Espero que terminaseis bien y que la cena os gustase.... Yo me acosté tardísimo, porque después del masaje, que me ha dejado muy bien, pero aun necesito más (necesito esa información, Marta, ;-)), nos pusimos hablar y... A las 23:30 ya lo dije, también a las 12 y a la 1. Salí de allí a la 1:30.... Así que hoy estoy destrozada...
A mi me encanta Àgueda.
La historia es buena, está bien contada y tiene un magnífico final, no muy explícito.
Es cierto que los nombres imprimen carácter y los nombres "diferentes" más. Pero eso en sí mismo no es malo... hasta puede ser bueno.
Una historia genial. Me ha encantado. Cómo me sorprendes de vez en cuando... Más bien a menudo...
Aunque Águeda no sea un nombre tan feo como lo pintas; es original.
¿Qué hubiese sido de mi vida si en vez de Mar me hubiesen puesto "Evelyn", tal como quería mi madre? Al menos me hubiese sentido como en un culebrón.
"-Esta noche hemos quedado con Argi y Juan.- Me dijo mi amiga Loli (q tampoco es para tirar cohetes llamarse Dolores... Como han dicho por ahí, Soledad, Concepción -casualmente hermana de Argi-,Ascensión, Purificación y todos esos deben de marcar también)
-¿Con quién?
-Argi
-¿Y ese qué nombre es?
-Argimiro Manuel
-Ahhhh
Desde entonces tengo un Argi en mi vida, aunque nunca antes lo hubiese escuchado. Y todo el mundo pregunta lo mismo: ¿De qué nombre viene Argi? Pobrecillo, la de veces que habrá tenido que contar su historia. Dime si Águeda es feo, o raro... ; o mejor díselo a él, a ver qué te responde..."
Pues eso, todos tenemos una Águeda en nuestra vida de algún modo, o conocemos algun@. Menos mal que las personas suelen ser muchas veces más bonitas que los nombres.
Un besote. Te debo invitación, que no se me olvida!!