Como creo que no sé parar quieta y me meto en todos los embolados que se presentan, el domingo decidí ir a casa de una de mis amigas del baile para dar clase de matemáticas a su hijo pequeño, que las ha cateado.
Estamos hablando de un nivel de 1º de la ESO, que en mis tiempos era un 7º de EGB.
Cuando recogí los libros de texto para poder saber de qué estábamos hablando exactamente recordé aquello del máximo común denominador, problemas de raíces cuadradas, y esas cosas que se dan con esas edades.
No voy a entrar a valorar si el nivel de conocimientos a impartir es el adecuado o no. Considero que aún no tengo criterios suficientes para afirmar que los niños de hoy en día son medio tontos y no aprenden nada en los colegios, porque, ni tengo hijos (o enanos cercanos que me permitan tener un criterios formado en este tema) ni me olvido de un ex - suegro que tuve en mi juventud pasada que me decía que podía tener mucha ingeniería en mi haber (sigo pensando que se sentía acomplejado, porque me acosaba con el rollo de lo que sabía y lo que no) pero que no me sabía la lista de los Reyes Godos. Pues claro que no me la se. Alguien con algo de seso debió decidir en su momento que saberse todos esos nombres peculiares de memoria no aportaba demasiado a la formación de sus ciudadanos…
El caso, y es que me entretengo en un momento, es que pensaba yo en todo lo que hemos aprendido en la vida.
Con más de 22 años de pura formación en mi vida me ha dado tiempo a aprender cientos de cosa que no tengo ni idea de en qué trozo de mi cabeza se almacenan. Y sin embargo sigue siendo casi magia descubrir que todo está tan bien puesto que, cuando coges un libro en el que explican algo que hace lustros que no ves automáticamente se enciende una luz dentro y ¡oplá! ¡¡Lo entiendes!!
Está claro que mala sería si después de superar las Matemáticas de 2º de carrera (dirigidas por el Cerillo que debía su estupendo mote a la nota que más ponía en sus exámenes) no supiera hacer una descomposición factorial, pero el mes de agosto y sus apatías me hacen dudar hasta del correcto funcionamiento de mis neuronas… Cuerda no estaré, ¡¡pero sumo que no veas!!