Estos días hemos estado hablando sobre situaciones de amigas, de fidelidades, de relaciones… y eso implica que ha llegado el momento de hablar de otra de esas personas que hacen que tu vida sea simplemente maravillosa…
Laura y yo nos conocemos exactamente desde el 5 de octubre de 1994, en el que ambas comenzábamos nuestra andadura universitaria.
Puede que sea difícil (o tremendamente fácil, que con estas cosas nunca se sabe) encontrar dos personas más diferentes bajo el sol, pero la quiero como si hubiéramos sido hermanas…
Laura era de provincias, a mí nunca me quedó más remedio que ser de la capital de purita cepa, ella de familia conservadora, la mía progre-progre, ella de hermanos numerosos, yo mi peque con la pierna rota ahora y nada más, ella tímida, yo ruidosa, ella gordita, yo flacota (ejem… en realidad eso ha cambiado sustancialmente en estos años, jeje, pero he rellenado los huecos con carne de alta calidad, eh?)… En fin, que nada parecía pronosticar que, junto a ella, iba a compartir los mejores momentos de mi juventud…
La casualidad quiso que nos encontráramos en la escalera camino del aula designada, las dos perdidas, y con la emoción en la cara de quien empieza algo tan emocionante como es la Universidad.
Desde entonces han pasado 12 años y dos vidas, porque ninguna somos lo que fuimos, a pesar de seguir siendo las mismas.
Lauri ha sido mi duende, mi razón para pensar que siempre se puede ser mejor, mi apoyo, mi compañía y mi consuelo, porque la vida sin conocerla sería algo mucho mas anodino.
Es difícil describir a alguien que quieres tanto y que ya forma parte de tu vida sin caer en simplificaciones, pero esto lo he elegido yo, así que tendré que intentarlo. Ella siempre ha sido una mujer de ideas claras, pero tiene el don de la diplomacia, así que nunca he oído a nadie criticarla por intentar imponer su criterio. Ella convence, cede y debate, admitiendo sus errores cuando es consciente de ellos o intentando demostrar a su interlocutor/a de que ella puede llevar la razón. A pesar de su timidez es una mujer divertidísima, que ha hecho que se me salten las lágrimas de la risa en multitud de ocasiones.
A ella le debo el haberme creido que podía conseguir lo que me propusiera, por ella me convencí de que era especial, divertida y cariñosa, porque yo eso lo sabía en casa, siempre he tenido el apoyo y amor de mis familia, pero descubrir que, alguien a quien no te unen lazos irrompibles, te admira y quiere por tu forma de ser hace que el corazón te brinque de tal forma en el pecho que, a duras penas, consigues no echarte a cantar en la calle a pleno pulmón.
Con Laura he recogido semillas para Anatomía, hemos plantado robles, pinos y encinas que no sobrevivieron a nuestros atentos cuidados (bueno…), estudié matemáticas, hice pruebas de laboratorio de anatomía que nos suspendieron escandalosamente a las dos por mirar al microscopio todas las partes de nuestro cuerpo susceptibles de ser miradas de cerca (mejor no penséis mucho en esto, jeje), hice prácticas de topografía en condiciones climatológicas extremas, me enamoré, se enamoró, lloré cuando me dejaron, lloró cuando la abandonaron, se casó, me casé, tuvo una hija… Y TODO LO QUE AÚN NOS QUEDA POR HACER JUNTAS…
Muchas veces, tras terminar la Carrera recibimos de la gente la idea de que era imposible seguir siendo amigas, porque la vida te separa. Y día a día seguimos demostrando que cuando un@ quiere, puede.
La semana pasada mi Lauri cumplió 30 años como 30 soles, y este sábado vamos a celebrarlo a lo grande. Porque ella se lo merece todo y me gustaría regalárselo.
Sólo espero que cuando la bese al llegar y la tire 30 veces de las orejas sepa conseguir de alguna manera que sepa cuanto la quiero...