La Coctelera

Categoría: Viajes

Vida sin contar

En realidad no importa que no haya escrito en tiempo, porque me gusta estar aquí. Para mi sois como bailar. No importa cuánto lo haga, cuándo lo haga, siempre es un placer.

Hace dos fines de semana estuve en Miranda de Ebro, con una pareja de amigos que nos trataron como reyes y donde conseguimos hacer un paseo primaveral maravilloso.

Reconciliación con el mundo.

Me perdí San Isidro en la capital. Pero me fui a Barna. Lo único que sentí fue no poder ver a mi Miss catalana ni a mi Mamporrero, pero espero que eso se solucione este otoño. Barcelona es mi pasión, así que estoy planeando volver en cuanto pueda. Pasear, ver, oler, sentir...

Curré muchísimo en Construmat, y apenas me dio tiempo a nada, pero arrastré al pobre JB a las 8.30 de la mañana por las calles del centro para poder ver de nuevo Santa María del Mar, que una no es religiosa, pero ante sitios sagrados como este se descubriría si llevara sombrero.

Echo de menos a mi ciudad querida.

Porque no son muchas, pero llevo ciudades prendidas con un imperdible de la piel. Una es ella, la gran Barcelona. Santiago también está, porque allí me enamoré, porque allí me perdí. Me quedan Cádiz (ay, mi Cai) y Cáceres, y con las cuatro me hago una maleta para llevarme allá donde me deje la vida.

Volví para irme de fin de semana familiar a ver si conseguíamos animar a mi tío recién separado. No ha sido fácil, y más teniendo en cuenta las pocas ganas que tenía. Pero pasó. Y pude disfrutar de nuevo del campo. Nueva reconciliación.

Mi familia está bien, pero es verdad que yo estoy mejor.

Me dice la gente que me conoce que da gusto estar conmigo, porque parece que llevo una luz.

Y es verdad. Me siento bien, me río con ganas, me cuesta madrugar por el cansancio de tratar de apurar los días hasta la última gota.

No se que me pasa, pero tengo hambre de vivir.

Digo yo que la culpa la tendrá el mes de mayo, estar rodeada de gente que me quiere, quererlos a ellos/as, tener mi página de cuentos, soñar todas las noches, añorar con fuerza el sol que se empeña en esconderse tras las nubes...

O simplemente es una buena racha, a pesar de las historias tristes.

Esta foto la hicimos el sábado por la noche en el Embalse de Riaño. Sin saberlo hacían 20 años de la inundación del Valle.

Yo tenía 10 años cuando ocurrió y sólo me quedan vestigios de memoria de las reivindaciones. Y el sitio es precioso, pero sólo de pensar lo que quedó debajo, las ruinas de la vida de pueblos enteros se me ponen los pelos de punta.

Tengo un post pendiente, pero será en otra ocasión...

El país naranja con flores sin olor

¡Al final nos conseguimos ir de Puente a una de las capitales europeas que más me ha gustado!

Debido a que últimamente me pasan todas las cosas a la vez (imagino que algún día seré capaz de contarlas por aquí, pero aún no prometo nada) el viaje me hacía muuuucha falta.

La verdad es que las cosas no empezaron demasiado bien, porque nos dejaron en tierra el viernes (maldito overbooking) nos indemnizaron y JB se agarró un moco sideral con el dinero de la compensación por lo queel sábado volamos destrozados.

¡Es lo que tienen las fiestas pre-vacacionales!

Por si eso fuera poco la maleta no llegó a Holanda hasta el domingo, y la pareja de moda se tiró dos días con la misma ropa interior (ejem).

Menos mal que somos de lo más limpio...

Había que ver al dueño del apartamento llegando el sábado por la tarde para arreglar el pestillo de la habitación (se había escachuflado) mirando los calzoncillos de JB colgados del Velux de la buhardilla... y después imaginando lo que NO llevaba. Es que no lo he contado, pero por donde él se iba moviendo se iban cayendo las plumas...

Pero conseguimos reponer fuerzas y comenzar con las fotos...

La primera es del domingo, rodeada de bicis (EVERYWHERE!!) y sonriendo agradecida por saber que nuestra amada maleta ya estaba en el país...

La serie de fotos que cuelgo a continuación no merecen demasiados comentarios. Tuvimos la (gran?) suerte de que todos los 30 de abril se celebra el Día de la Reina en Holanda,fiesta grandeen el que básicamente la gente pierde el sentido de su propia vida para convertirse en seres bebedores de cerveza, vestidos de naranja y arrastrando su propio cuerpo de concierto en concierto...

El tiempo acompañó todos los díasy la Martus haciendo amigos... Ya se sabe. "Donde fueres haz lo que vieres"

La cosa empezó comedida, y de momento JB sólo llevaba dos guirnaldas del color nacional...

Esta estatua me encantó, porque proclama la entrada al famoso Barrio Rojo. Yo estaré muy chapada a la antigua, pero lo de ver a las chicas en los escaparates me dejó flipada. Qué cosas...

Si hay algo que me gusta de la ciudad son el amor que tienen por las flores... ya se que muchos holandeses viven de eso, pero es una de las costumbres "bárbaras" que más aprecio... ¿se habrá enterado mi Johhny?

A estachica le tuve que hacer una foto porque me acordé de un artículo que leí hace un par de semanas hablando de la FELICIDAD. Mostraba unas cuantas fotos que la gente había colgado de flickr bajo el tag feliz.

Y justo cuando la vi, ahí arriba, encima de un bar con música reggae, cantando en esa postura de relajación, mirando a la gente pasar pensé... esta es la foto que yo pondría en mi blog con el mismo tag...

Seguro que alguien en algún momento ha deseado ser ella...

Lo de la gente montada en las barcas recorriendo los canales era digno de verse. Y TODAS ellas llevaban música... Os juro que ha sido una de las cosas más impresionantes que haya visto nunca.

Y como veréis JB y yo íbamos mimetizados... Esta foto se tomó acabando la fiesta, y ya se huele el cansancio, pero qué bien lo pasamos!

Y para todos los que no sois observadores os invito a que intentéis saber qué pone en la camiseta del Johnny. Sííí!!! Es la camiseta de la Coctelera, en el momento adecuado.

Para que luego digan que no sabemos de Marketing. Voy a ver si me dan una Wii por esto, porque no me ha dado tiempo a llegar al post medio millón, jejejeje...

Y como yo no me puedo ir de vacaciones sin hacer cosas horteras me compré un gorro de vaquera. (Pareado fácil).

Explicación técnica de mi oscuro pasado: una de mis grandes ilusiones es ir a una fiesta de disfraces como vaquera tipo bailarina de Coyote Dax. Rara que es una...

Alquilamos unas bicis que frenaban pedaleando para atrás, y no os imagináis lo cerca que estuve de morir atropellada por un coche flamenco.

Menos mal que son civilizados hasta para entender a las turistas torpes que no saben frenar

La foto con un molino era obligada...

Y la visita a jardines de tulipanes y demás flores también... Este fue el único caballo que encontré para hacer juego con mi sombrero, jajajaja...

Y todas estas han sido muestra de lo maravilloso que es poder perderse entre parterres de todos los colores y combinaciones. De lo que me gustaría tener un jardín enorme. Del buen tiempo que hice. De lo que me gusta viajar.

De lo feliz que soy...

Muchos besos a todos y a todas, que últimamente tengo esto ligeramente abandonado, pero se que estais ahí.

Y porque hoy me he levantado sabiendo que hace un año que inauguré esta casa.

La mía. Mucho más importante si tenemos en cuenta que todo está cambiando alrededor.

Saber que vaya donde vaya, pase lo que pase,tod@s vosotr@sestáis por aquí y eso hace que vivir merezca un poquito más la pena.

Felicidades!!

Fotos de Semana Santa casera

Esta Semana Santa nos hemos paseado por las cercanías de Madrid, porque el bolsillo, los viajes futuros y la falta de planes han evitado cosas más emocionantes...

Ha llovido

Ha granizado y nevado...

La primavera casi se ha negado a mostrarse, porque aún quería enseñar lo bello que sigue siendo ver correr el agua por nuestros montes

Era grande la sensación de que la Naturaleza nos vigilaba

Y los castaños aún no querían vestirse de verde

Pero no nos ha faltado el agua fresca

Las ganas de vivir muchos años

Y el ansia de seguir recorriendo parajes que invitan a soñar

Castilla parece Galicia

Y los arroyos se han convertido en ríos de la vida...

Cursos de verano

Mañana y pasado me voy a la Granja (Segovia) a dos días de curso de verano, impartidos por la misma Universidad en la que estudié.
Cuando me apunté pensé que no tenían demasiado que ver con lo que estoy haciendo actualmente en mi trabajo, pero sí me atraen por mi formación, mis intereses y mi deseo de seguir formándome en cuestiones que me resultan enriquecedoras.
Así que decidí apuntarme sin tener demasiado en cuenta la opinión de mis superiores, haciendo una apuesta fuerte y decidida por ello, ya que al fin y al cabo trabajo como la que más, más sola que la una y sin vacaciones este verano.
Me admitieron, y desde la oficina no me han puesto más pegas, así que mañana cogeré el cochecito y me iré a los fresquitos segovianos a reconciliarme con el mundo universitario.
Si alguna etapa de mi vida ha sido clave para ser quien soy esa es sin duda la Universidad. No sólo ha hecho de mí la profesional que soy, sino que fue donde aprendí realmente quién es Marta, en sus relaciones con los demás, en su forma de divertirse, en cómo afrentar los retos, los nervios, las frustraciones, las alegrías, las amistades y las traiciones.
Hay veces que se dice que desde que somos niños se puede adivinar el tipo de adultos que seremos. Puede ser, pero en mi caso nada más lejos de la realidad. Fui una niña amada y estimulada, pero sé que era una cría a la que no le gustaba demasiado estar con gente, que leía mucho, quizá demasiado, que era tímida, pensaba que fea (por lo flaca y morena), y con problemillas de autoestima… El instituto me enseñó el valor de la amistad, el poder que una mujer puede llegar a tener sobre un hombre (se que suena fuerte, pero es que cuando me salieron los pechos y vi lo que pasaba alrededor sufrí un gran shock… hasta entonces para mis compañeros masculinos yo era un ser molesto semi invisible, y de repente me convertí semidiosa, sin que hiciera nada!) las relaciones sexuales y la libertad.
Pero mi época universitaria me despojó de miedos y lastres. Fui más liviana, más feliz, porque me di cuenta de que era lo que soy. Alguien digno de ser amado, apreciado. Alguien con quien los demás lo podían pasar bien, se podía hablar, confiar o desconfiar, según el caso. Ya no me pesaba tanto la posibilidad de caer mal, de no encajar. Encontré gente que era como yo, y que viajaba con poco equipaje.
Por eso, ahora que intento asentar mi vida, echar las raíces que necesito para seguir moviéndome, puedo agradecer unos tiempos que supieron hacerme crecer.
Y vuelvo al silencio, a los buenos olores, al campo…
Ya contaré a la vuelta si los contenidos han sido buenos, porque disfrutar seguro que lo disfruto, porque además esta semana me encuentro muy bien. Por fin es verano.

Campos verdes y camisetas amarillas

La verdad es que con eso de que estamos en pleno periodo vacacional y que la gente anda tan animada con sus viajes, a mí no me queda más remedio que hablar de experiencias pasadas, puesto que este verano no va a haber mucho que contar...
Estaba acordándome ahora, después de leer varios artículos dedicados al fin del mundial, de la final más memorable que he visto (y probablemente veré) en mi vida.
Ya os sabéis un poquito más la historia de Laura, ¿no?. Pues con ella fue con la que decidí irme con dos duros en los bolsillos a recorrer tierras infieles en las que se habla el idioma que tanto le gusta a Fanfri, inglis pitinglis, vamos...
Para más datos escogimos el país de Gales. O sea, que allá que íbamos Lauri y yo felices como perdices recorriendo campos del Parque Nacional de Brecon Beacons (aún hoy no sé cómo llegamos hasta allí, porque el dichoso parque Nacional está en medio de ninguna parte y sólo cogíamos trenes y autobuses, con un nivel de idioma que superaba cualquier nivel de entendimiento de los galeses).
Todo esto fue en el año 1998, en el que también había Mundial, pero nosotras ni idea, inmersas como estábamos en nuestro recorrido cultural.
En esas estábamos la mañana de nuestro día triunfal, cargadas con nuestras mochilas de senderistas dispuestas a recorrernos el parque de cabo a rabo. Nos pertrechamos con ropa de abrigo, nuestro hornillo para hacernos un té caliente y un par de sandwiches. Hale! Listas para la batalla. Abandonamos felices y contentas nuestras calientes camitas en el Albergue de turno.

Y de repente el cielo se abre sobre nuestras cabezas y comienza el Diluvio Universal.
Alguna de las frases que se pudieron oir en esos momentos fueron:

¡Santo Cielo! ¿Qué es esto? Bueno, que no cunda el pánico, llevamos capas anti lluvia... ¿Y qué? Si estamos flotando sobre millones de litros de agua, ¿para qué leche queremos las capas? ¿pero qué forma de llover es esta? Jodeeeer Marta, ¿por qué hemos venido aquí? ¿Guat de jel ar ui duin?



(Porque en momentos así juras en inglés, arameo y demás idiomas que tengas a tu alcance...
Total, que corriendo como dos posesas nos fuimos de vuelta al Albergue para descubrir que ESTABA CERRADO.
Ok, Laura. Vamos a morir aquí, y lo peor es que no nos van a repatriar porque nadie sabe donde carajo estamos...
Pero de repente divisamos un pequeño refugio al lado de la carretera que parecía puesto allí por algún ángel de la Guardia que protegiera a Laura (porque yo creo que, por atea, de esos no tengo) y allá que fuimos a refugiarnos. Nos quedamos sin gas en el hornillo, un frío de narices, caladas hasta los huesos, sin comida y con el infierno desatado fuera...
Vaya panorama. Y en eso que Laura intenta bromear pensando en la posibilidad de que nos encontráramos encima con alguna visita indeseable...
JAja. ¡Pues llaman a la puerta!
QUÉÉÉÉÉ?????


Ostras... Ahora sí que de ésta no salimos...



Y el pobre Trevor (luego supimos que se llamaba así)abre la puerta y descubre a dos locas españolas a punto de llorar, peladas de frío, resignadas a la muerte, y mirando a la pared en ese tonto intento de los cobardes de "si no le veo no existe".
Menos mal que nuestro salvador galés resultó ser un alma caritativa y se volvió con su madre cuando llenó el depósito del coche (pues llamaba a la puerta porque se había quedado sin gasolina en la tromba de agua) a rescatarnos, aunque fuera en contra de nuestra voluntad.
A la vista de la calida matrona nos pusimos en sus manos, y en media hora estábamos tomando sopa caliente en una casa preciosa con la ropa de la abuela puesta mientras la nustra se lavaba y la secaban con secadora...
Lo mejor de la aventura es que esa noche Trevor fue obligado por su madre (yo creo que él aún nos tomaba por locas) a llevarnos con sus amigos a ver la gloriosa final mundialista Francia-Brasil, en la que todos los galeses lucían con orgullo la camiseta carioca.
Perdimos, bebimos y nos sentimos dos grandes rescatadas.
A ver quien puede igualar eso...